Puro circo. Ninguna reflexión. Sólo devoción. Cuestionamientos,
ausentes. El concepto irascible de que se está de un cierto lado, el
correcto, o del otro, el "careta". Inadmisible que alguien esté en
algún otro lugar que no sean esos dos caprichosos extremos. Ningún
espacio para disentir. Bienvenidos sólo aquellos que aprueban. Sin
reflexión, claro.
Muchas preguntas, ninguna respuesta. La tragedia de Cromagnon
no sólo dejó al rock en un estado de coma que parece irreversible;
también permitió (finalmente sucedió el último fin de semana, en
CosquÃn Rock) que una banda técnica y lÃricamente limitada y sin
imaginación determinara cuál es la ruptura: ellos y sus amigos son el
rock. Imposible cualquier otra opinión (no es casual que este paÃs
cuente con un récord de dictaduras, ¿no?).
El diagnóstico parece irreversible: el rock es el del barrio
(el barrio no es lo que era, porque el barrio son ellos, no los otros
que indudablemente crecieron en un barrio... si no, ¿dónde?). El rock
es Callejeros y sus amigos y sus seguidores. ¿Catupecu Machu no es rock
porque no quiso compartir cartel con Callejeros? Asà parece. ¿Y
Divididos, aunque no se sepa bien por qué no participó, tampoco es una
banda de rock?
Entonces, es preferible hablar de eso, porque el éxito
(concebido de la indiscutible manera actual, que es algo asà como decir
"llevo mucha gente, vendo muchos discos...") da impunidad. Y a los
argentinos nos encanta esa impunidad que es llevar por delante al otro
y descalificarlo, simplemente, porque no opina igual.
Y finalmente se habla sólo de esa dicotomÃa; de quiénes están
de un lado y quiénes del otro. De Cromagnon, ni una palabra. De los 194
muertos, ni una palabra. De responsabilidades, ni media...
Posted at 11:00 by D.Weiss